Penjing, así son conocidos los bonsáis, en China.

    Desde hace mas de 2000 años, en tiempos de la dinastía Han hasta la actualidad los bonsáis recogieran un largo y tortuoso camino que intentaremos resumir aquí.

    Cuenta la leyenda que un antiguo emperador Chino ordenó reproducir todos sus dominios en su patio, con casas, montañas, lagos y, por supuesto, árboles. Así que a esta necesidad de reducir el tamaño de los árboles unida a la religión Taoísta (los seguidores de esta religión creían que los fenómenos naturales, como por ejemplo las montañas, los árboles y las piedras, estaban cargados de poderes, y que los ejemplares diminutos los poseían de forma concentrada), es el origen del bonsái.

    Cuando los Chinos invadieron Japón en el siglo XIV, introducirán también el bonsái en la cultura Japonesa así como muchas otras cosas que aun hoy perduran como por ejemplo la caligrafía. El amor de los Japoneses por la naturaleza, su creciente desarrollo artístico, y el minimalismo inspirado en la filosofía Zen han hecho que el penjing asumirá esta forma de arte tan refinada que actualmente conocemos como Bonsái.

    Es después de la Segunda Gran Guerra que los bonsáis empiezan a llegar a Occidente por la mano de excombatientes que traían consigo maravillosos ejemplares que normalmente morían poco después del viaje. Afortunadamente algunos de los propietarios de esos árboles buscaran información y consejos en muchos maestros Japoneses que posteriormente fijarían residencia en nuestro continente o que por alguna razón ya lo habían hecho, difundiendo así sus conocimientos y habilidades.

    Hoy por hoy bonsái   es una palabra de uso cotidiano. A partir de aquí cabe a nosotros leer libros, apuntarnos a clubes, conocer a otros aficionados y compartir y aumentar nuestros conocimientos y experiencias. De esta forma podremos acabar convirtiéndote en artistas y crear nuestros propios bonsái.